Ley y política en Cataluña

Rajoy en tres frases

Con Rajoy me pasa una cosa curiosa: cada tres o cuatro años le escucho una frase que me deja clavado en el asiento. Una de esas frases que resume mucho y que muestra que en el fondo del político existe un mar desconocido y profundo, inquietante. Llevo cuenta de esas frases de Rajoy, hasta el momento tres. Hoy, al leer la tercera de ellas, he pensado que es momento de ponerlas todas juntas.
Es una lástima que desde muchos sectores de la derecha esta pluralidad [de España] se haya percibido más como una molestia que como una ventaja y que desde la izquierda se prefiera con frecuencia partir de la diferencia para amplificar las divergencias
La primera es de hace más de seis años. Entonces dijo: "Creo en Madrid, pero creo que no se pueden confundir 25 personas de Madrid con España, porque España es algo mucho más grande y mucho más importante".
Entonces la frase me impactó porque suponía un ataque a una cierta forma de entender la política española en la que España no era más que el patio de recreo de Madrid; una forma de entender la política a la que se habían apuntado algunas figuras relevantes del PP y ciertos medios de comunicación. Rajoy parecía separarse de aquella visión y apuntaba que entendía –aunque luego su política pareciera no hacer honor a dicho entendimiento- que España o es plural o no será; que España no puede construirse a partir del "madridombliguismo", sino desde una pluralidad de centros de decisión y asumiendo como positiva su extraordinaria riqueza y variedad cultural. Es una lástima que desde muchos sectores de la derecha esta pluralidad se haya percibido más como una molestia que como una ventaja y que desde la izquierda se prefiera con frecuencia partir de la diferencia para, en vez de buscar los puntos de encuentro, amplificar las divergencias con el fin de provocar la ruptura y el aislamiento. Curioso, desde luego, pero es lo que hay.
La segunda frase es del año 2012. Entonces dijo que "lo peor que le puede pasar a un gobernante, lo peor, es no entender la realidad que vive. Eso es lo peor". La frase es de septiembre de 2012, un año tremendamente complicado y la frase me llamó la atención porque –y, desde luego, es una interpretación muy personal- creo que reflejaba la situación por la que había pasado el propio Rajoy unos meses antes.
Recordemos que cuando Rajoy llegó al gobierno en diciembre de 2011 la prima de riesgo española superaba los 300 puntos, pero unas semanas antes se había acercado a los 500. La idea que muchos manejaban era la de que la desconfianza que despertaba el gobierno de Zapatero había sido causante de la subida de la prima en el otoño de 2011 y que la llegada de Rajoy al poder tranquilizaría a los mercados. Y así fue hasta el mes de abril, momento en el que la prima comenzó a dispararse llegando el 25 de julio de 2012 a los 612 puntos básicos. Un auténtico desastre.
Siempre hay un responsable de que dos trenes vayan por la misma vía en direcciones contrarias; además, no se encuentran en igualdad de condiciones, siempre habrá uno que está circulando en la dirección correcta y otro en la equivocada
¿Qué había pasado? Creo que Rajoy había creído sinceramente que los mercados castigan a los gobiernos "populistas" (que no populares) y que los gobernante "serios" (como él) recibían el premio de la confianza de los mercados. Con este planteamiento en la cabeza retrasó la aprobación de los presupuestos generales del Estado para el año 2012 esperando a las elecciones en Andalucía, confiando seguramente en una victoria en esa Comunidad Autónoma, que podía peligrar si con anterioridad a las elecciones presentaba los restrictivos presupuestos que le pedían desde Bruselas. La Comisión insistía e insistía en la presentación de los presupuestos y Rajoy daba largas y largas... hasta que se produce el cataclismo, la escalada de la prima de riesgo hasta niveles desconocidos. ¿Por qué subió entonces la prima de riesgo? ¿Sería porque el Banco Central Europeo decidió apretarle "un poco" las cuerdas a nuestro presidente del Gobierno? ¿Se daría cuenta entonces Rajoy de que la subida o la bajada de la prima de riesgo poco o nada tenía que ver "directamente" con su política económica, sino con la forma en que se negocia con quienes manejan los hilos de los mercados financieros mundiales? ¿Se habría dado cuenta Rajoy entonces, a finales de julio, cuando, según comentan algunos, estuvimos a 48 horas de dejar el euro, que hasta entonces no se había enterado del mundo en que vivía? ¿Sería la declaración de septiembre la confesión de que la presidencia del Gobierno había sido una "master class" de política y que había aprendido la lección?
Casi me enterneció entonces aquella frase que mostraba que los gobernantes ni lo saben ni lo entienden todo... y así nos va.
La tercera frase es del 31 de mayo. Rajoy le dice a Mas que "si hay un choque de trenes es porque alguno va por la vía equivocada". En el tortuoso "proceso" que vivimos a cuenta del plan secesionista de CiU y ERC se acude con frecuencia a la imagen del "choque de trenes". Es una imagen poderosa que apela a la responsabilidad de todos para evitar un accidente. Normalmente la apelación a esta imagen va acompañada de la petición de negociación "entre España y Cataluña" (lo que ya supone una toma de partido a favor de la secesión pues asume que Cataluña es un sujeto diferenciado de España) con el fin de llegar a un compromiso.
Rajoy en su frase nos traslada a un momento anterior a aquel en el que los dos trenes están a punto de colisionar frontalmente a toda velocidad; nos conduce al punto en el que uno de los trenes es llevado a la vía equivocada por un guardagujas que actúa con torpeza o, lo que sería peor, con la intención consciente de provocar el accidente. La imagen permite a la vez que veamos que siempre hay un responsable de que dos trenes vayan por la misma vía en direcciones contrarias y, además, que los dos trenes no se encuentran en igualdad de condiciones; siempre habrá uno que está circulando en la dirección correcta y otro en la equivocada. Creo que los fanáticos de la equidistancia deberían tomar buena nota de la frase, que me parece que ha de unirse a las otras dos ideas brillantes que conozco de Mariano Rajoy.

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