Un libro

domingo, 18 de junio de 2017

Nación de naciones

Quizás algunos pretenden que el secreto de la política actual es hablar de tal forma que todo el mundo entienda lo que quiere entender: Que hablamos de progreso, cada uno pensará que con eso se quiere decir lo que cada cual entiende por progresar; que pedimos justicia, todos pensaremos que justo es lo que nos beneficia, por más que nuestras particulares concepciones sean contradictorias entre sí. Lo ideal sería, para estos políticos, que tales contradicciones nunca se pusieran de relieve para así no enfrentarse a la triste disyuntiva de perder votos por uno y otro lado.
La piedra filosofal de la política moderna: que todos crean que votándote se votan a sí mismos. Algunos partidos han hecho fortuna con este acercamiento y todo su afán es mantenerse en un peligroso alambre que haga que tanto unos como sus contrarios puedan identificarse con las propuestas del partido.
La ocurrencia de la nación de naciones se explica en este escenario. Se trata de un "palabro" que, si se deja como ésta, sin entrar en detalles, podría -idealmente- contentar tanto a los nacionalistas como a quienes no lo son. Para ello el secreto está en dejar que cada uno entienda lo que quiera entender; y para eso ya se apunta que el concepto no supone atentar contra la integridad de España; esto es, la conversión de España en una nación de naciones no implica asumir el derecho de autodeterminación de... las naciones.
Visto así hay quien con muy buena fe no ve problema en la utilización de esta noción. La idea sería más o menos la siguiente: distingamos entre la nación en el sentido político y la nación cultural. En el primer sentido España es la única nación y, por tanto, solamente el conjunto de los españoles pueden decidir sobre la frontera de su Estado -lo que nos preocupa ahora-; pero sin que eso impida que se reconozca que hay entidades dentro de España que pueden ser consideradas naciones desde una perspectiva cultural, histórica o lingüística. Admitamos que Cataluña es una de ellas (y ya veremos qué otras naciones hay en España, no es cuestión ahora de hacer el catálogo, que a lo peor nos liamos), reconozcamos el carácter nacional de Cataluña y con esto los nacionalistas quedarán satisfechos. Al fin y al cabo, tal como se ha señalado recientemente, la idea de las nacionalidades que ya recoge la Constitución de 1978 no es tan diferente de la de nación. Demos este simple pasito y todo arreglado, el desencuentro entre Cataluña y España solucionado mediante la conversión de España en un imperio (con algo de gracia, alguien ya ha apuntado que una "nación de naciones" no puede ser más que un imperio).



Por desgracia, hay algún problemilla entremedio.
El primero es que habrá que definir qué quiere decir "reconocer el carácter nacional" ¿se hará un reconocimiento que no tendrá efectos jurídicos? Pues entonces ese reconocimiento tendrá que hacerse en una receta de cocina, porque si figura en la Constitución o en una ley forzosamente tal reconocimiento tendrá algún efecto jurídico ¿cuál? sería bueno que quienes defienden la utilización del término "nación de naciones" y reconocimiento de Cataluña como nación indiquen con cierta precisión en qué se traduce ese reconocimiento. Por de pronto ya adelanto lo que los nacionalistas sacarán de dicho reconocimiento: una vez reconocido formalmente que Cataluña es una nación carece de justificación que no se le aplique el principio de libre determinación. Toda nación ha de tener reconocida su plena capacidad para decidir el estatus jurídico que le corresponde y, por tanto, España se situaría al margen de la legalidad internacional si se opone a un referéndum de secesión en Cataluña.
Ya sé que lo que acabo de decir no se sostiene ni desde una perspectiva jurídica ni política; pero en la guerra de propaganda en que consiste el nacionalismo el argumento sería repetido una y otra vez hasta que calara y hubiera que dar un paso más. En cualquier caso, como digo, y aparte de la utilización que los nacionalistas hagan de ese reconocimiento, es necesario precisar en qué consiste.
Si el primer problema tiene que ver con qué se entienda por "reconocimiento", el segundo se deriva de la concreción de la nación que se reconoce. Es decir, si se reconoce que hay una nación catalana ¿cómo se identifica ésta? Recordemos que en el planteamiento socialista este reconocimiento no se hace como ente político soberano, sino como realidad cultural, lingüística o histórica (esto ya lo había adelantado el Estatuto de Autonomía de 2006 y había sido confirmado por el Tribunal Constitucional); así pues es necesario hacer explícitos esos rasgos históricos, lingüísticos y culturales que identificarían a la nación catalana.
Y aquí es donde, como digo, se puede plantear un pequeño problema; y es que en estas condiciones este reconocimiento podría interpretarse como la consagración de la visión nacionalista de Cataluña, esto es, aquella que pretende que la única lengua legítima de los catalanes es el catalán, que la historia de Cataluña se remonta a 1000 años atrás y tiene su origen en una entidad política que mantuvo su independencia hasta 1714 y que los elementos culturales que no se conecten con esta lengua, el catalán y con esta (inventada) historia no forman parte de la nación catalana. Esto es, el reconocimiento nacional implicaría que Cataluña como entidad diferenciada de los delirios nacionalistas desparecería definitivamente, ahogada por la confirmación, quizás a nivel constitucional, de que la visión correcta de la realidad catalana es la que pretenden los nacionalistas.



Si se repara en esto quizás quienes defienden lo de la "nación de naciones" entiendan por qué tantos catalanes se asustan ante este planteamiento e, inmediatamente, plantean la necesidad de que Cataluña se reconozca, a su vez, como una realidad plurinacional. Puede ser que a muchos fuera de Cataluña les parezca ininteligible este debate, pero es muy real; lo que hay detrás de él es la angustia por el sometimiento de los no nacionalistas en la Cataluña autonómica actual y el temor de que el reconocimiento de esa realidad nacional catalana imposibilite de manera definitiva una Cataluña que no esté dominada por los nacionalistas y sus planteamientos ¿cómo podría revertir la situación un gobierno no nacionalista si el imaginario nacionalista habría sido convertido en el único constitucionalmente admisible mediante el reconocimiento de Cataluña como nación? Que Cataluña se reconociera como realidad plurinacional evitaría eso porque daría visibilidad a los catalanes que no comulgan con los planteamientos nacionalistas. En definitiva, una España plurinacional en la que en Cataluña debería ser compartida por los nacionalistas y por aquellos ciudadanos que no se identifican exclusivamente con la lengua catalana y que rechazan las invenciones catalanistas sobre la historia y la realidad catalana. ¿Complicado, no?
En definitiva, que lo que necesitamos no son "palabros" sino soluciones a problemas reales:
- ¿cuándo será posible que el castellano, lengua materna del 55% de los catalanes tenga una presencia que no sea meramente simbólica en el sistema educativo catalán?
- ¿cuándo será posible rotular en castellano en Cataluña sin que se impongan multas por ello?
- ¿cuándo gozaremos en Cataluña de un espacio público que no esté tomado por las esteladas en calles o ayuntamientos incluso en período electoral?
- ¿cuándo dejarán de dedicarse recursos públicos a cosas como la AMI que llevan a cabo políticas de incitación al odio?
- ¿cuándo los catalanes dejaremos de estar sometidos a administraciones que incumplen la ley y amenazan constantemente con que continuarán con este incumplimiento?
Lo de España como nación de naciones y el reconocimiento nacional de Cataluña ¿ayuda a resolver los problemas anteriores? ¿verdad que no? Pues eso.

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