New York Times

martes, 27 de mayo de 2014

Historia, manipulación, ignorancia

Hoy toca cabreo.
Me he puesto a hojear el libro de "Medi" de mi hija. Tiene 10 años y cursa Quinto de Primaria en una escuela pública de Cataluña. "Medi" (Conocimiento del Medio) es una mezcla de lo que en la EGB eran Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Ahora, cuando está acabando el curso, abordan los temas de Historia, que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Media. En total se dedican a estos temas 63 páginas, desde la 180 hasta la 243. La referencia del libro es la siguiente: C.-A. Trepat y otros, Medi natural, social i cultural, Barcelona, Barcanova, 3ª ed. 2011.
Me he quedado estupefacto.
Es intolerable que en un libro escolar se haga una presentación tan parcial, tergiversada e, incluso, mentirosa de la Historia. Es necesario que los padres reaccionemos ante la sarta de simplezas y falsedades con las que se está adoctrinando a nuestros hijos.
Evidentemente, toda la parte del libro de Medi que comento está dedicada a fomentar la "catalanización" de los estudiantes, ofreciéndoles una visión de la Historia que se centra casi en exclusiva en el territorio catalán. Las relaciones con otros espacios se presentan de manera parcial y, además, claramente orientada a eludir las conexiones de Cataluña con el resto de España (excepto los "Países Catalanes", claro). De hecho, en las 63 páginas que se dedican en el libro a la Historia desde la Prehistoria hasta la Edad Media, pasando por la colonización romana, los visigodos, las invasiones árabes y la unión con Aragón no aparecen ni una sola vez las palabras "España" o "Hispania" ¿cómo se puede explicar la Historia Antigua de lo que ahora es Cataluña sin mencionar la palabra "Hispania"? Difícil ¿no? Bueno, pues este libro lo consigue. Ni una sola vez en 63 páginas. Lo más cercano es el término "Marca Hispànica" que aparece ¡una sola vez! (p. 212); además de figurar también una vez en un mapa (p. 213). Alucinante. Por contra la palabra Francia sí que aparece, e incluso se hace una pequeña explicación del reino franco.



Vamos paso a paso.
En la p. 184 se habla de los yacimientos arqueológicos con restos humanos más antiguos. Se dice que los más antiguos de Europa son los de Atapuerca, situados en Castilla y León (ya hemos evitado decir España) y luego se indica que los más antiguos "en territoris de parla catalana" se encuentran en el Rosellón. ¿"Territoris de parla catalana"? ¿en la Prehistoria? ¿Se dedicará alguien a ver cuál es el yacimiento arqueológico más antiguo en los territorios de habla italiana o alemana o sueca? ¿Qué sentido tiene tal indicación? ¿Quizás hacer calar la idea de que Cataluña existía ya desde el comienzo de los tiempos?
Podría pensarse que soy exagerado, pero algún dato podría confirmar esta suposición. En la p. 188 se indica "Entre l'any 10000 i 8000 aC, al territorio on actualmente és l'Iran..." Correcto, el territorio que actualmente es Irán (y que entonces, hace 10000 años, no era Irán, evidentemente). En la misma página, sin embargo, se indica "Al territorio català els caçadors i recol·lectors van comenzar a ver de pagesos i de ramaders cap a l'any 5000 aC." ¡Vaya! Irán no existía hace 10000 años, pero Cataluña sí hace 7000. A continuación, en la misma página, se remacha la idea: "Durant el período Neolític a Catalunya enterraven el morts..." Tenemos Cataluña ya en el Neolítico. ¿Problemas de expresión? Lo dudo porque en el caso de Irán bien que se cuida el libro de indicar que no hace referencia a un imaginario Irán prehistórico, sino al territorio en el que actualmente se ubica Irán. En fin...



Llegamos a la época de los íberos y de los romanos. Aquí se trata -parece- de evitar a toda costa mencionar los términos España o Hispania, así que todo sucede en "la península ibérica", allí vivían los íberos, ahí llegan los fenicios, allí se establecen los romanos. Siempre la Península ibérica y nunca términos como España o Hispania. Así, en ningún momento se menciona que Tarraco (la actual Tarragona) fue la capital de la Tarraconense (o Hispania Citerior), una provincia romana que ocupaba todo el norte de la actual España, hasta llegar a Galicia. Este dato que podría tener algún interés para los alumnos catalanes es obviado, seguramente porque no interesa que parezca que el territorio catalán tenía vínculos con eso de "las Españas" y así sobre Tàrraco lo que se dice es lo siguiente (p. 200):

"La ciutat més important del territori català en temps dels romans va ser Tàrraco (Tarragona), que tenia aigua corrent a moltes cases. També va ser important Barcino (Barcelona)"

Luego llega la época de las invasiones bárbaras. Aquí se menciona a los visigodos (que gobiernan -como no- "la península Ibérica" y fijan su capital en Toledo (curioso que no se mencione el reino de Tolosa, tan próximo a Cataluña; se me escapan las razones para esta omisión).

A partir de la p. 208 entramos en el nacimiento de Cataluña (así se denomina el tema). Curioso que sea ahora cuando nace teniendo en cuenta que, tal como hemos visto, ya venía siendo referente desde la Prehistoria. La historia se hace arrancar con los francos, a los que se les hace ser uno de los pueblos invasores del imperio romano "a partir del año 476" confundiendo la fecha del inicio de las invasiones bárbaras con aquella en la que es depuesto el último emperador romano, lo que supone un desajuste de casi un siglo; algo que también es preocupante, aunque en este caso nada tiene que ver con el tema de la "catalanización" de los niños que parece pretender el libro de texto.
A partir de aquí se explica la conquista de la parte norte de la actual Cataluña por parte de los francos a finales del siglo VIII y comienzos del IX y la creación de la Marca Hispánica (aquí parece que no hay manera de evitar el nombre, aunque curiosamente solamente aparece una vez -dos si se cuenta un mapa-, pese a la importancia que objetivamente tiene en los orígenes de Cataluña). Aquí se comete, sin embargo, un error no menor al explicar el régimen de los condados catalanes en aquella época (siglos IX-X) cuando se indica que "L'única relació que tenien les comtes amb el rei franc era un jurament de fidelitat"(p. 214) ya que desconoce el carácter de funcionario real del conde en esta época, que es anterior al feudalismo y a la relación de vasallaje entendido como un vínculo exclusivo.
En todo este relato no se hace ninguna referencia a la situación del resto de "la península ibérica", excepción hecha de la mención de que los musulmanes no habían ocupado "algunos rincones de Asturias, Cantabria y el País Vasco" (p. 211) y a la existencia de Al-Andalus, con capital en Córdoba (también en la p. 211).



Y en la p. 216 llega, finalmente, el nacimiento de "La Corona catalanoaragonesa" (sic). Allí se realiza una apresurada explicación del nacimiento del reino de Aragón (necesaria, claro, para poder explicar a continuación la unión con Cataluña) e incluso se dice literalmente "Alfons I (1162-1196). Va heredar de la seva mare el regne d'Aragó i del seu pare els seus comtats catalans. A partir d'aleshores el conjunt de territorio s'anomenaran Corona catalanoaragonesa".
Hasta donde yo sé en la Edad Media no se utilizó la expresión "Corona catalanoaragonesa" por lo que la afirmación del libro de texto ya no es una cuestión de matiz o manipulación, sino directamente una mentira, y como tal mentira intolerable, inadmisible; y menos en un libro dirigido a niños de diez y once años.
Por último, en la p. 217 se da por cierta e indubitada la tesis de que la bandera de las cuatro barras rojas, la señera, tiene su origen en la bandera de los Condes de Barcelona, cuando en realidad se discute si el origen de la bandera está en Cataluña o en Aragón.

En definitiva, me encuentro con un libro de Historia que incurre en imprecisiones importantes (aparte de las señaladas podemos encontrar otras, así por ejemplo, en la p. 202, referida a los comienzos del cristianismo) y en vez de formar en el espíritu crítico y abierto ofrece información sesgada cuando no directamente falsa y orientada a buscar una identificación entre el niño y una cierta idea mítica de Cataluña que, además, pasa por la negación de la existencia de España (repito, en ninguna de las 63 páginas que se dedican al período histórico que va desde la Prehistoria hasta la Edad Media aparece la palabra España o Hispania y tan solo dos veces el término "Marca Hispánica").
¿Qué están haciendo con nuestros niños? Y, por favor, ya sé que durante la época de Franco lo de los Reyes Católicos y el brazo de Santa Teresa y los Tercios de Flandes y la Conquista de América, etc.; pero ¿no hemos avanzado nada en cuarenta años?
Estupefacto, estoy estupefacto.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Derecho a decidir. Así, sí

Desde hace unos años en Cataluña algunos han descubierto el derecho a decidir, ese sintagma nominal gramaticalmente incorrecto si no se le añade un complemento y confuso hasta la tergiversación. Es cierto que cumple las funciones para las que se inventó: evitar emplear la expresión derecho a la autodeterminación, y trasladar a quien se oponga a tal derecho la carga de argumentar por qué está en contra de que la gente decida (lo que a veces se hace pasar por estar en contra de que la gente vote, lo que también es distinto); pero esto no convierte ese pretendido derecho a decidir en verdadero ni evita que se enfrente a ciertos límites infranqueables. No se puede tener derecho a decidir sobre lo que es imposible físicamente (no tengo derecho a decidir si alzo el vuelo agitando los brazos o no), carezco del derecho moral a decidir si uno de los términos de la decisión es éticamente reprobable (no se tiene derecho a decidir si se mata o no a quien se ha colado en la fila del cine) y tampoco se reconoce un derecho (legal) a decidir si uno de los términos de la decisión está prohibido jurídicamente (no se goza del derecho a decidir si se pagan o no los impuestos).
Así y con todo, pese a lo que algunos nos quieren hacer creer, tenemos muchas oportunidades de decidir en el ámbito político. Ciudadanos como somos en una democracia, integrada además en la Unión Europea disponemos de múltiples posibilidades para ejercer el derecho a decidir sobre los asuntos públicos; otra cosa es que aprovechemos ese derecho o que lo utilicemos responsablemente.



El próximo domingo los españoles elegiremos a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Además por primera vez esa elección condicionará la del Presidente de la Comisión. En definitiva, lo que votemos determinará cosas como en qué forma actuará la Troika, cómo se llevaran a cabo los rescates bancarios o los de los países con dificultades para colocar su deuda, si se avanza en la protección de los consumidores, se aumentan los programas de ayudas para el empleo o qué decisiones se adoptarán en materia energética. Las elecciones europeas son las elecciones más importantes en las que puede participar un ciudadano español y no podemos dejarlas pasar pensando que es irrelevante lo que en ellas se decida. Ninguna elección tendrá tanto impacto en nuestras vidas como la elección del domingo que viene. Que se lo digan a Grecia o a Portugal, o que nos lo digan a nosotros, los españoles, que llevamos cuatro años viviendo a expensas de lo que decide la Comisión sobre nuestro cumplimiento o incumplimiento del objetivo de déficit.



Las elecciones tienen también una importancia fundamental para los catalanes que va más allá de la que tiene para todos los europeos. Desde hace dos años vivimos en Cataluña un proceso sin precedentes en el que se ha pasado de reclamar que Cataluña sea un nuevo Estado en Europa a plantear que no sería ningún desastre que un hipotético Estado catalán quedara fuera de la UE. En estos momentos nos jugamos realmente la continuidad en la UE. Algunos de los partidos que se presentan a las elecciones europeas en realidad lo que plantean es que las del domingo sean las últimas europeas en las que podamos participar los catalanes. Es responsabilidad de todos acudir a las urnas el domingo y ser conscientes de que la opción elegida no resultará irrelevante para la continuidad de Cataluña en España y en la UE.
Ser ciudadano no implica solamente gozar de derechos, sino asumir obligaciones. En una democracia nadie puede excusarse plenamente de la marcha de los asuntos públicos. En mayor o menor medida todos somos responsables de lo que sucede, y el ejercicio del voto es uno de los actos más relevantes en los que podemos poner en práctica ese derecho, esa obligación en realidad, de participar en el gobierno de la sociedad. Votemos el domingo y hagámoslo de una forma responsable.



El domingo tenemos el derecho y la obligación de decidir.

De decidir en primer lugar si somos ciudadanos, comprometidos con los asuntos públicos, o meros súbditos que se someten a lo que decidan otros.

En segundo término hemos de decidir qué Europa queremos; si aspiramos a una Europa más integrada o no; si queremos una Europa más comprometida en lo social u otra en la que se primer la libertad de los operadores económicos; una Europa comprometida en la unión fiscal y bancaria o una Europa que no avance en la integración financiera.

En tercer lugar hemos de decidir si queremos una Cataluña que corra el riesgo de verse excluida de la Unión Europea o, por el contrario, una Cataluña plenamente comprometida con el proyecto español y europeo.

Esto es lo que decidimos el domingo. El 25 de mayo ejerceremos verdaderamente nuestro derecho a decidir, el que reconocen los Estados democráticos y de Derecho, aquel que integra a los ciudadanos en el ejercicio responsable del poder.
Ese derecho a decidir sí que lo suscribo; ese sí que reclamo ejercerlo y pido que todos lo ejerzamos.