Un libro

viernes, 21 de agosto de 2009

Poeta con bigote

Un poeta en un claustro universitario
¡qué extraño!
Todos se fijan un momento en un hombre
con bigote.
Y el poeta piensa que pensarán
que tiene respuestas
y se ríe porque sabe
que tan solo es
perito en aire,
doctor en nada
o lo que es lo mismo:
sabio de verdad.

Estas palabras surgieron como comentario en la blog "ámbar y spunk"; a la entrada titulada "¿Qué sabe el poema? (Juan Gelman)".

miércoles, 19 de agosto de 2009

Tubinga

Me gustaría viajar a Tubinga,
vivir en una casa de dos pisos,
contemplar cómo crecen los narcisos
y cómo cae la nieve en Tubinga.
Me gustaría enseñar en Tubinga
los conceptos jurídicos precisos
y redactar los libros más incisos
que se hayan escrito "en Tubinga".
Me gustaría sentirme seguro
en la tranquilidad de aquel hogar,
libre del mal de ojo y del conjuro.
Me gustaría llegar a pensar
que este pantano y este bosque oscuro
no existen y voy pronto a despertar.

domingo, 16 de agosto de 2009

Afganistán

Me ha sorprendido el artículo del vicedirector de La Vanguardia de hoy domingo. Trata un tema delicado, la presencia de la OTAN en Afganistán; y lo hace con una gran claridad de ideas. El propio título es significativo ("¿Otra guerra medieval de cien años?"); critica la presencia de las tropas de la Fuerza internacional de asistencia a la seguridad en Afganistán (en condición de invasores, dice); se sorprende de que se admita que la presencia deberá prolongarse varias décadas y acaba profetizando que la salida del último soldado de las fuerzas internacionales de Afganistán se hará en helicóptero desde el tejado de una embajado o la azotea del cuartel general de la OTAN. De esta profecía a varios años vista pasa al análisis de la situación actual, poniendo de manifiesto la nula utilidad de las elecciones próximas dado el papel que juegan en todos los sectores del país los productores de opio. El tono crítico hace que se deslice en el artículo una frase que, en mi opinión, es extraordinariamente dura: "siempre eluden poner una fecha a la salida de las tropas aliadas de aquel miserable país asiático". Lo de "miserable país asiático" suena, desde luego, muy duro.
No digo yo que esté equivocado el vicedirector de La Vanguardia; me faltan conocimientos y formación para poder contradecirle; pero sí que, como decía, me sorprende el artículo; y lo hace porque el tema creo que merece algo más que brochazos, sobre todo si se va afirmar que la OTAN será derrotada sin paliativos en Afganistán y que toda la estrategia occidental en Asia Central está equivocada.
No creo que Afganistán sea, simplemente, un "miserable país asiático". Desde la Antigüedad es un país clave estratégicamente. Desde Kabul, Babur lanzó en el siglo XVI la campaña que acabó con la conquista del Norte de la India, creando el Imperio más rico del Mundo en aquel momento. Ya en el siglo XIX, Afganistán fue protagonista en "El Gran Juego", que enfrentó al Imperio Británico y a Rusia por el control de Asia Central. Actualmente es clave en una de las regiones más importantes del Mundo, por su vecindad con Pakistán (y la India), su cercanía a China y a los recursos de Asia Central. Entiendo que son circunstancias que deben, al menos, tenerse en cuenta si se plantea seriamente marcharse y abandonarlo todo.
Pero es que no se trata solamente de razones estratégicas. En los años finales del siglo XX y en el principio del XXI, antes del 11-S recuerdo la indignación con la que casi todos recibíamos las noticias de Afganistán, la forma en que se trataba a las mujeres, las ejecuciones públicas, la destrucción de los símbolos de otras culturas. Ya entonces se alzaban voces planteando si podíamos quedarnos de bazos cruzados ante atentados tan graves contra los Derechos Humanos.
Es cierto que no parece que se haya avanzado mucho en Afganistán en el tema de los Derechos Humanos desde que las tropas de la OTAN están allí ; pero ¿ha llegado ya el momento de decir, no podemos hacer nada, ahí tenéis vuestro "miserable país" (en término del Vicedirector de La Vanguardia, no mío) y morid como mejor queráis? ¿Es que no es posible hacer nada más?
Si es así, digámoslo, pero teniendo en cuenta todas las circunstancias y también todas las consecuencias. Si no tenemos voluntad o capacidad para estabilizar Afganistán, dentro de unas décadas Afganistán puede estar en nosotros, aquí.

sábado, 8 de agosto de 2009

La lógica y la egiptología





El antiguo Egipto me fascina, como a muchos; y como les sucede a muchos, mis conocimientos sobre el Reino de los Faraones son más bien limitaditos. Por eso, seguramente, a continuación diré alguna tontería y espero que alguno de los lectores me haga el favor de corregirme. Pero bueno, para eso están los blogs (entre otras cosas) para poder decir cosas sin tener que ser excesivamente riguroso.
El caso es que desde hace tiempo me sorprenden algunos argumentos, afirmaciones o conclusiones sobre el Antiguo Egipto. Mi mosqueo empezó hace más de diez años, cuando leí un libro que se titulaba algo así como "El misterio de Orión". En ese libro se desarrollaba una teoría sobre la función de las pirámides que negaba que fueran tumbas de faraones. No entraré ahora en la teoría, una más de las muchas que se han lanzado sobre tan fascinantes construcciones; porque lo que me interesa es, en este caso la teoría "ortodoxa" sobre las pirámides y la forma en que se ridiculizaba en el libro. Veámoslo a través de un imaginario diálogo entre un egiptólogo (E) y un simple curioso (C):

C: Entonces ¿cuál era la función de las pirámides?
E: Tumbas de los faraones.
C: Y ¿en qué forma se enterraba a los faraones en las pirámides?
E: Bueno, no lo podemos saber exactamente...
C: ¿Y eso?
E: Es que no hemos encontrado el cadáver de ningún faraón en las pirámides.
C: ¿No hay cadáveres de faraones en las pirámides?
E: No
C: ¿Por qué no hay cadáveres de faraones en las pirámides?
E: Se los han llevado los ladrones de tumbas.
C: Y si no han encontrado cadáveres en las pirámides ¿cómo saben que son tumbas?
E: Ya le he dicho que no hay cadáveres porque se los han llevado.
C: ¿Quién se los ha llevado?
E: Los ladrones de tumbas.
C: ¿Tienen ustedes pruebas de ello?
E: Pues claro, si no fuera por los ladrones de tumbas los cadáveres de los faraones estarían en las pirámides.
C: Pero, si no hay cadáveres ¿cómo pueden saber que son tumbas?
E: Ya le he dicho que los cadáveres fueron saqueados hace muchos siglos...
C: Sí, ya sé, por los ladrones de tumbas.
E: ¡Exacto! Al fin lo ha entendido.
C: Así que sin los ladrones de tumbas la teoría (mejor digamos, hipótesis) de que las pirámides son tumbas de faraones se vendría abajo.
E: No le acabo de entender.
C: Quiero decir que sin tales ladrones desconocidos no podríamos sostener que las pirámides son tumbas de faraones. Si los ladrones de tumbas salen de la explicación la teoría se cae.
E: Bueno, sí.
C: Ya.

Nunca lo había visto desde esta perspectiva, pero leyendo ese libro pensé que es extraño que una teoría rigurosa descanse sobre unos ladrones de tumbas. Las pirámides son tumbas, no hay cadáver, pero si no está es porque lo han robado. Vamos, con ese argumento no vayas a juicio porque se carcajean en tu cara.

Me he acordado ahora de esto porque hace unos días estuve visitando una exposición en el Museo Marítimo de Barcelona donde se reproduce la tumba de Tutankamón. La exposición está realmente bien, muy bien montada y organizada, la recomiendo. Pero a lo que voy es a que en un par de momentos te explican que la tumba fue saqueada, lo que explicaría el desorden existente y que las puertas de la capilla donde se encontraba su sarcófago estuvieran abiertas. Esta explicación me dejó perplejo, porque cinco minutos antes nos habían dicho que Howard Carter, el descubridor de la tumba, había encontrado intactos los sellos de la entrada ¿cómo habían entrado, entonces los ladrones? De nuevo los ladrones de tumbas, cual deus ex machina salían en ayuda de los egiptólogos cuando se llegaba a un punto desconcertante.
A mi, en filosofía de COU me habían explicado algo así como que la explicación más sencilla ha de ser siempre preferida (creo que esto lo llamaban la Navaja de Ockam); en este caso, habiendo sellos intactos en la entrada de la tumba la hipótesis de que los ladrones son los causantes del desorden en la tumba no puede ser apoyada; de la misma forma que, mientras no aparezca el cadáver de un faraón en una pirámide (o encontremos e interroguemos a alguno de los famosos ladrones de tumbas que tanto parecían abundar en Egipto) no estaremos en condiciones de, con rigor, mantener que la función de tan extraordinarias construcciones fue servir de tumba a los faraones.