New York Times

miércoles, 30 de mayo de 2007

Un libro


¿Alguien ha leído "Suite francesa"? Me refiero, claro, a alguien que se haya parado en este blog, pues en términos absolutos es claro que muchas personas han leído este libro. Me gustaría saber qué piensas de él, qué te ha sugerido.
Como creo que es justo dar para recibir adelanto que ha sido uno de los libros que más me han impresionado en los últimos meses. Quizás no por la calidad de su lenguaje o la profundidad de los sentimientos, sino por la autenticidad del testimonio de una época que el libro aleja de los tópicos y los clichés. Poco tiene que ver la huída de los habitantes de París ante los alemanes en junio de 1940 que se nos relata en el libro con lo que nos han contado cien veces en el cine. Poco tiene que ver la Francia ocupada que encontramos en "Dolce", la segunda parte de la novela, con la épica recreada posteriormente sobre historias de la Resistencia y la Liberación. Esos personajes cotidianos, enfrentados a la nueva hora impuesta por los alemanes, o hastiados por las órdenes de vacunación de los invasores; esos franceses que en pocos meses comienzan a dudar entre el odio y la comprensión hacia sus impuestos inquilinos son, desde luego, mucho más reales que los personajes típicos en las obras al uso sobre esa época. Curioso que nos resulten tan extraños cuando son, probablemente, los más reales, pues están descritos por una rigurosa contemporánea que tuvo la desgracia de no llegar a ver la paz.
No creo que pueda eludirse un escalofrío al adivinar el trazo final de esta novela, inacabada por la muerte en un campo de exterminio de la autora, ni los no pocos detalles de humana comprensión hacia quienes, finalmente, serían sus verdugos. Que los alemanes que aparezcan en la novela, descritos y presentados con objetividad por la autora, con una distancia impropia de quien está siendo partícipe de los hechos que relata, sean los mismos que pocos meses, semanas o días después de la redacción la detendrían y conducirían a la muerte coloca a la novela en un plano más allá de lo puramente literario. Pese a que la autora se separa escrupulosa y conscientemente de su obra, cuando se concluye la lectura de ésta no puede dejar de pensarse que Irene Nemirovsky fue, seguramente, una persona extraña y, quizás, extraordinaria.