Libre

miércoles, 22 de febrero de 2017

Mas hace de Duran

Durante años hubo en Madrid un catalán de poco pelo y habitación permanentemente reservada en "un bonito hotel del centro de Madrid", según explicaba "El País".



Este nacionalista catalán era tenido en la capital por hombre serio y razonable, no dado a extremismos y dialogante. Como prueba de ese talante, en una ocasión amenazó en el propio Congreso de los Diputados con una declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento de Cataluña. En fin, cosas menores para quienes hasta más allá del final siguieron pensando que sería una suerte si todos los catalanes (en realidad querían decir "todos los nacionalistas catalanes", pero es que en Madrid hablan así) fueran como Duran.
Entre los años 2012 y 2016, cuando el independentismo se armó y avanzó en su propósito claro, decidido, firme, de separar de España siete millones y medio de ciudadanos y más de 30.000 kilómetros cuadrados de territorio, Duran hizo en Madrid de eficaz cortafuegos. Contra todas las advertencias que venían de quienes comemos, cenamos, dormimos y desayunamos en Cataluña se hizo caso al hombre del "bonito hotel en el centro de Madrid". Frente a los que de forma clara dicen y actúan en favor de la unidad e igualdad de todos los españoles y la continuidad del proyecto común español, quienes nos deberían representar a todos (partidos políticos y Gobierno de España) prefirieron hacer caso al nacionalista que compartía proyecto político con quienes utilizaban los recursos de la Comunidad Autónoma para buscar aliados en el extranjero para su plan golpista.


Esta carta de Artur Mas, que dirige como Presidente de la Generalitat, hubiera debido implicar la inmediata aplicación de los mecanismos de los que dispone nuestro Derecho para evitar que el poder público sea utilizado para destruir el orden constitucional; pero nada pasó. Seguramente como consecuencia de los buenos oficios del señor de la foto de arriba, el de la habitación de "un bonito hotel del centro de Madrid".
Al final Duran se fue. O mejor dicho, los votantes lo echaron y Madrid pareció quedarse huérfano. No hace mucho uno de estos señores de la capital que visitan Cataluña como quien se adentra en la parte boscosa de la heredad me preguntaba con cara de preocupación: "Pero, aquí, ahora ¿quién manda?". Algunos parece que no pueden vivir sin tener identificado quien será el catalán (nacionalista, por supuesto) con el que negociar esto o aquello.
Quizás por esto parece que algunos quieren dar un nuevo aliento al firmante de la carta anterior; quizás quieran convertirlo en el nuevo Duran; en alguien a quien pretenden tener cerca sin darse cuenta que los nacionalistas -que no los catalanes- siempre tendrán la daga de la traición presta y, entretanto, la adormidera a mano para hacer que España entera se aletargue mientras ellos van haciendo.



Creo que ya es hora de acabar con este juego. En Cataluña no ha de mandar nadie. Los ciudadanos deben poder ejercer sus derechos y gozar de sus libertades como en cualquier otra parte de España. Ni menos que ninguno ni más que nadie. Y para conseguirlo hay que devolver el Estado de Derecho a Cataluña, recuperar las instituciones, que han dejado de actuar como las de una Comunidad Autónoma para ser tan solo la herramienta de un nuevo Estado en formación, y acabar con las coacciones del régimen nacionalista.
¿Que quién manda en Cataluña? Los ciudadanos, como en el resto de España ¿o no?

sábado, 18 de febrero de 2017

Solidaridad con los refugiados

Esta tarde he asistido a la manifestación de Barcelona a favor de la acogida de refugiados. Una tarde intensa en la que en varios momentos tuvimos que permanecer completamente inmóviles en medio de la multitud que se había congregado.



Es significativo que se haya producido una movilización tan grande para una causa como ésta, especialmente cuando corremos el riesgo de que se extienda el temor ante la llegada de refugiados y las opiniones a favor de cerrar fronteras y levantar muros parecen ser cada vez más populares. Una manifestación como la de hoy da esperanza a quienes se oponen a un mundo en el que cada uno pretende permanecer aislado tras sus propias fronteras.
Si somos optimistas veremos en movilizaciones como éstas una oportunidad para repensar algunos de los principios que ahora mismo conforman la regulación del movimiento internacional de las personas.



En primer lugar, sería bueno reflexionar sobre si la regla básica en la materia, la de que los Estados pueden decidir con casi total libertad quiénes entran en su territorio, no debería ser sometida a revisión. Vivimos en un mundo en el que los capitales, las mercancías y muchos servicios cruzan las fronteras con extraordinaria facilidad. Esta facilidad, sin embargo, contrasta con los límites, cada vez mayores, que se imponen a la circulación de personas. ¿Es coherente esta restricción con la liberalización de los intercambios comerciales? En la Unión Europea desde su nacimiento se consideró que la libre circulación de mercancías, capitales y servicios debería ir acompañada de la libre circulación de personas. En el proceso de integración económica mundial, sin embargo, esta dimensión está totalmente olvidada.
No se trata, obviamente, de volver a la regla original en el Derecho internacional, la que formuló Francisco de Vitoria en el siglo XVI y de acuerdo con la cual todas las personas podían viajar y establecerse allí donde tuvieran por conveniente. Tampoco se trata de obviar los problemas prácticos que podría ocasionar una liberalización total de la circulación de personas. Pero teniendo esto en cuenta sería posible establecer, al menos, la necesidad de que las restricciones a la entrada y establecimiento de extranjeros debieran estar justificadas. Puede parecer un paso pequeño, pero sería un cambio radical de perspectiva en un mundo en el que, inexplicablemente, es mucho más fácil que crucen las fronteras productos y servicios que las personas que los fabrican o consumen.
Existen ámbitos concretos en los que este paso ya se ha dado. Así, en lo que se refiere a los refugiados ya nos encontramos ante la obligación de ofrecerles una protección que incluye el derecho a no ser expulsado. Una obligación que se encuentra recogida tanto en el Derecho interno español (Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria) como en el Derecho de la UE (Directiva 2004/83/CE del Consejo de 29 de abril de 2004 por el que se establecen normas mínimas relativas a los requisitos para el reconocimiento y el estatuto de nacionales de terceros países o apátridas como refugiados o personas que necesitan otro tipo de protección internacional y al contenido de la protección concedida) o en convenios internacionales (Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, hecha en Ginebra el 28 de julio de 1951).
La implementación práctica de esta obligación de acogida no es sencilla, tal como estamos viendo ahora, por ejemplo, con la crisis de los refugiados en Europa. No se trata tan solo de hacer leyes, sino de disponer de medios y de voluntad política para adoptar las decisiones necesarias para convertir en realidad esta protección. El fracaso de Europa con la crisis de los refugiados da buena cuenta de la situación. Ante una crisis de enorme calado no fuimos capaces de poner los medios para evitar un desastre humanitario.
Seguramente no será posible hallar una solución que resuelva todos los problemas; pero sí se pueden apuntar algunas debilidades. La primera es la dependencia de la coordinación entre Estados dentro de la UE. En temas como estos se hace visible con demasiada frecuencia el intento de "escurrir el bulto" o de buscar que las cargas del propio Estado sean menores que las de otros países. La solución para esto sería dotar de mayores poderes, competencias y medios a las instituciones europeas; lo que debería ser un principio general para la mayoría de los problemas que nos embargan. Conseguir que las instituciones de la UE actúen más como ejecutivo de una entidad política y no como coordinadores de  políticas estatales es un desafío que deberíamos afrontar.



Esta dimensión europea es necesaria no solamente para la solución del problema de los refugiados, sino también para tratar las causa que lo originan. Debería ser claro para cualquiera que una crisis como la generada en Siria (o en Libia o en Irak) acabaría teniendo consecuencias en Europa. Resulta suicida que Europa haya renunciado a tener una política exterior y de defensa capaz de influir aunque sea en su entorno más inmediato, que incluye, evidentemente, el Oriente Medio.
Los esquemas de la Guerra Fría no funcionan y se hace necesario que se afronten los desafíos de seguridad a nivel europeo. El torpe agitar los brazos de unos y otros países es patético. Ni los bombardeos franceses en Siria tras los atentados en París ni los jugueteos en Ucrania nos han traído más que inseguridad. Así no podemos seguir, porque no se trata tan solo de atender las crisis una vez creadas, sino, sobre todo, evitar que surjan.


En definitiva, que sería bueno que la manifestación de hoy no sea tan solo un desahogo ciudadano, un grito que quede en nada. Sería conveniente que sentara las bases de un replanteamiento de muchas cosas. En ella había líderes de varios partidos políticos; así que podemos emplazarlos a que en un plazo breve presenten propuestas que permitan cambiar la situación que vivimos, y que permitan cambiarla de verdad, no mediante un superficial maquillaje.

Cataluña ha mostrado hoy que es sensible a un problema del que somos testigos desde hace tiempo. El contraste entre las imágenes de los refugiados caminando, en campos o muriendo en el mar, y la incapacidad de las instituciones para dar respuesta ha encontrado en la calle un reflejo que merece, como decía una respuesta política.
Llama la atención que esta respuesta haya surgido, precisamente, en un momento en el que el nacionalismo amenaza precisamente con lo contrario de lo que exige un desafío como éste: hasta ahora hemos visto que debemos profundizar en la integración europea para conseguir abordar eficazmente la crisis de los refugiados y las causas que la originan; los independentistas, en cambio, pretenden crear una crisis de consecuencias imprevisibles en el propio corazón de la UE mediante una secesión unilateral que rompería un Estado miembro al margen del Derecho interno, europeo e internacional.
Más allá de esto, resulta curioso que los independentistas se hayan sumado a una manifestación que tiene por objeto "abrir fronteras", cuando su objetivo expreso es colocar otras nuevas donde ahora no existen. Es cierto que dicen que quieren colocarlas para luego levantarlas; pero hay algo intrínsecamente contradictorio en exigir con ardor la necesidad de levantar barreras entre personas que ahora son conciudadanos, a la vez que se defiende que las fronteras no sean un obstáculo para la acogida de personas.


Incluso dejando esto aparte, y asumiendo que hoy entre nosotros habrá habido independentistas que, de corazón piensan que ha de acogerse a los refugiados y que, por tanto, no pretendían instrumentalizar la manifestación a su favor, no puede dejarse pasar que se hubiera aprovechado la misma para distribuir propaganda en favor de la secesión



Hoy era un día para los refugiados y en el que debíamos buscar aquello que nos une y no lo que nos separa. Muy mayoritariamente así lo entendieron los manifestantes, que renunciaron a símbolos partidistas y a banderas en favor del color azul de quienes habían convocado y el multicolor de las personas que se reúnen para ejercer de ciudadanos


En ese sentido, las banderas esteladas que se veían aquí o allá parecían, en ocasiones, más material de  decoración sacado de contexto que reflejo de aquello por lo que allí estábamos


En cualquier caso, un día importante, muy importante, porque en esta Europa que tantas veces parece sorda y ciega a lo que le rodea, Barcelona ha dado ejemplo de conciencia y voluntad. Son muchos los problemas que plantea la acogida de los emigrantes, y no deben desdeñarse; pero tampoco la clara voluntad de muchos de que nuestra sociedad sea una sociedad de acogida.
Esperemos que no sea una nube aislada en un cielo vacío.

domingo, 12 de febrero de 2017

Ya hemos superado a George Orwell

Uno de los momentos más llamativos de "1984", la novela de George Orwell, es aquél en el que en medio de un discurso dirigido a arengar a los ciudadanos de Oceania contra el país con el que están en guerra, la cruel Eurasia, se produce un cambio y el enemigo pasa a ser Estasia mientras que Eurasia era ahora un aliado.
No hay explicación del cambio, sino que en medio del discurso simplemente las acusaciones que se estaban dirigiendo a Eurasia pasan a dirigirse a Estasia. El orador continúa como si desde el principio el odio se hubiera dirigido a Estasia, porque, además, se supone que Oceania siempre había estado en guerra con Estasia. El cambio no afecta solamente al presente, sino al pasado; y la multitud que escucha lo asume sin dudarlo. Sus propios recuerdos ya no importan o, mejor dicho, han de cambiar para ajustarse a lo que se les indica.



Ya sé que es muy manida la comparación entre el mátrix catalán y 1984, pero resulta imposible no recaer en ella. Hoy mismo me asaltaba viendo un debate sobre el juicio por el 9-N entre Juan Milián (PP) y Maria Senserrich (JXS). No solamente se trató el juicio, sino también el escándalo existente en relación a las declaraciones de Santiago Vidal sobre las ilegalidades que se estarían cometiendo para preparar la secesión de Cataluña. No es posible evitar recordar ese momento de "1984" cuando se consideran ambos temas. Casi diría que la situación en Cataluña supera la de la novela de Orwell, porque allí, en 1984, las personas adaptaban su mente sucesivamente, es decir, hasta que se produce el cambio de alianzas de Oceania, los ciudadanos creen firmemente que siempre han estado en guerra con Eurasia. Cuando se produce el cambio todos asumen que el enemigo es Estasia y, además, que siempre ha sido Estasia; pero no se da la circunstancia de que simultáneamente se asuma que el enemigo ha sido Eurasia (y solo Eurasia) y, a la vez Estasia (y solo Estasia).
En Cataluña, sin embargo, se mantienen simultáneamente hechos incompatibles entre sí. Con el tema del 9-N es muy claro. Por una parte se defiende que el 9-N fue un desafío al Estado español en el que se dijo "no" al Tribunal Constitucional y la Generalitat se negó a atender el requerimiento de este Tribunal para suspender el proceso de participación ciudadana; por otra, que la Generalitat no participó en el proceso y lo que se hizo fue cosa tan sola de los voluntarios.
Es cierto que lo primero se dice normalmente en círculos independentistas y lo segundo es lo que se mantiene ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando Mas, Ortega y Rigau se intentan defender de las acusaciones que pesan sobre ellos; pero no podemos verlo como una simple estrategia, porque yo me he encontrado con personas que según lo que estemos discutiendo te sostienen a la vez las dos cosas: que el 9-N fue un desafío al Estado con todas las de la ley y por otra que no es posible sancionar a Mas por lo que pasó aquel día porque en realidad él no hizo nada y, al fin y al cabo todo era una pantomima. Y además, normalmente, te dicen ambas cosas con la misma cara de cabreo.



Lo mismo pasa con el tema de Santiago Vidal. Aquí sí que nos encontramos ante un escenario que se corresponde con el de 1984. Hasta el 26 de enero Santiago Vidal era, de acuerdo con la presentación que de él hacían los nacionalistas, un ejemplo cívico. Un jurista comprometido con el proceso de secesión, riguroso, conocedor de todo lo que tenía que conocer y hombre serio y entregado que había sido acogido por ERC cuando injustamente el CGPJ lo excluyó de la carrera judicial por haber redactado un texto que se presentó como la Constitución para el nuevo Estado catalán. Este acogimiento incluyó que Vidal fuera incluido en las listas para el Senado de ERC ("¡poca broma!" que diría el mismo Santiago Vidal). Además simultaneaba su condición de senador con la de coordinador de uno de los grupos de trabajo que bajo la dirección de Carles Viver i Pi-Sunyer están preparando las estructuras necesarias para el nuevo Estado catalán. Finalmente, era también conferenciante invitado por la propia ERC y la ANC para explicar por toda Cataluña cómo se estaba diseñando el nuevo Estado catalán.
A partir del 26 de enero se convierte en un hombre de nula credibilidad, que se dedicaba a fantasear y que tuvo que renunciar apresuradamente a su acta de senador como consecuencia del polvorín levantado por sus conferencias. Parece que ahora todo el mundo está obligado a desmarcarse del antiguo juez y a advertir que no se puede hacer mucho caso de lo que decía. Claro que si hiciéramos caso de lo que dice ya deberían estar las Conselleries de la Generalitat llenas de policías revolviendo en sus ordenadores y archivos en busca de los detalles de la colosal conspiración que nos anunciaba Santiago Vidal.
Cuesta que caigan los decorados del mátrix catalán. Algunos de los convencidos han llegado a adquirir la capacidad de creer simultáneamente una cosa y la contraria, tal como apuntaba antes; y, además, quienes deberían hacer frente al desafío que supone el independentismo parecen refugiarse en interpretaciones alambicadas para no encarar de una vez la realidad: las instituciones autonómicas han dejado de actuar como tales porque quienes las ocupan las dedican íntegramente a la construcción del nuevo Estado. Ya no son administraciones que dedican parte de sus esfuerzos a la conspiración contra el orden constitucional, sino protoadministraciones de un nuevo Estado que despliegan sin pudor trabajos para poder actuar más allá de sus competencias, articulan lo que podría ser una diplomacia internacional y aleccionan desde los medios de comunicación sobre cómo han de actuar los ciudadanos en estas circunstancias históricas. Administraciones que tan solo de manera residual ejercen las competencias que les son propias y únicamente en la mínima medida que permita al resto del país, al resto de España justificar su táctica avestrucera de negarse a ver la magnitud del desafío al que nos enfrentamos.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Arriar las esteladas

Recuerdo bien una de las primeras reuniones de lo que luego sería la sectorial de juristas de Societat Civil Catalana. Debatíamos qué hacer y enseguida salió el tema de las esteladas que ondeaban en tantos lugares de titularidad pública de Cataluña.



Como juristas sabían (unos) o teníamos la intuición (otros) que la utilización de estas banderas por los poderes públicos no se ajustaba a Derecho; pero, a la vez, no sabíamos cómo atacar judicialmente su presencia. Se diseñaron varias estrategias y al final nos decidimos a reclamar la retirada de una de ellas: la que se izaba en la Plaza Lluís Millet de Sant Cugat.



El objetivo era, por supuesto, que se retirara esa estelada, pero más allá de eso se trataba de que los tribunales hicieran expreso lo que pensábamos que correspondía en Derecho en relación a este tipo de banderas, pero que aún no había sido formulado de manera explícita: al tratarse de banderas que respondían a una determinada opción ideológica no podían ser utilizadas por los poderes públicos porque vulneraban la neutralidad institucional y limitaban la libertad ideológica de los ciudadanos.
Las anteriores son ideas que deberían ser fácilmente asumibles por todos los demócratas: los poderes públicos han de actuar de acuerdo con el interés general y sin favorecer determinadas opciones partidistas. Intuitivamente supongo que todos asumimos que no es admisible que, por ejemplo, en el ayuntamiento luzca la bandera del partido que gobierna el municipio. Si un ayuntamiento hiciera eso estaría haciendo patente que una opción ideológica concreta cuenta con el respaldo del poder público y eso resulta inadmisible por las razones que acaban de ser señaladas: por una parte es incompatible con la neutralidad de las instituciones y por otra supone imponer una determinada opción ideológica al conjunto de la ciudadanía.
Nos parecía importante dar esta batalla porque lo anterior no es solamente teoría jurídica, sino realidad política y social. Los ciudadanos que ven ondear impunemente esteladas en ayuntamientos o rotondas sienten que ya todo está decidido y, a la vez, que los no independentistas somos ciudadanos de segunda. Al hacer propios los símbolos secesionistas las instituciones se colocan al servicio de los independentistas y quienes no comparten esa posición política se convierten en meros usuarios, se ven reducidos en su condición de ciudadanos. La batalla de los símbolos es importante y por eso los nacionalistas la plantean con la rotundidad con la que lo hacen. Son conscientes de que ganar en lo simbólico prefigura también la victoria en lo real.
Estas razones explican que Societat Civil Catalana asumiera como uno de sus ejes de actuación la retirada de los símbolos secesionistas de los espacios en los que no deben estar. Se trataba de recuperar esos espacios públicos para todos los ciudadanos, impedir que los no separatistas fuéramos expulsados de ese espacio que ha de ser de todos.
Esta batalla no se libró solamente en relación a la estelada de la plaza Lluís Millet, sino que se afrontó también en los períodos electorales con el argumento de que en época electoral la presencia de esteladas en edificios públicos y otros espacios de titularidad pública era especialmente grave, pues vulneraba las reglas electorales que exigen que los poderes públicos no tomen partido por ninguna de las opciones políticas que concurren a las elecciones.
Fue en el marco de las quejas y recursos que planteamos en época electoral que el Tribunal Supremo acabó dictando la importantísima sentencia de 28 de abril de 2016 que decía expresamente aquello que andábamos buscando: que la estelada es un símbolo partidista y que, por tanto, no puede ser usada por las administraciones públicas.



Esta sentencia fue considerada por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo que finalmente ordenó la retirada de la estelada que ondeaba en la plaza Lluís Millet.



Con la retirada de la estelada de la Plaza Lluís Millet no concluyó el proceso en relación al Ayuntamiento de Sant Cugat. La alcaldesa intentó burlar a la justicia trasladando la estelada desde la plaza Lluís Millet a la plaza Octavià, pero volvimos a recurrir y en un plazo muy breve la Jueza que había dictado la primera sentencia ordenó también la retirada de la estelada de la plaza Octavià a la vez que reiteraba que ninguna estelada podía lucir en ningún espacio público. Finalmente, hoy ha sido arriada la estelada de la plaza Octavià.


Estoy muy satisfecho. Creo que somos muchos los que hoy estamos contentos porque se ha demostrado que el Estado de Derecho funciona. Tarde, con mucho esfuerzo, pero finalmente hemos conseguido por la vía de la ley y de los tribunales que se reconozca la ilegalidad de la utilización de esteladas por los poderes públicos y la necesidad de retirar aquellas que lucen en espacios de titularidad pública.
La retirada de la estelada de la plaza Octavià de Sant Cugat no debería ser más que el primer paso para la retirada de todas las esteladas que en Cataluña lucen en espacios de titularidad pública; pero para eso necesitamos ayuda. Ha sido enorme el esfuerzo de Societat Civil Catalana para poder llevar adelante los procedimientos abiertos. Abogados y voluntarios han dedicado muchísimas horas, muchísimo esfuerzo y dedicación a localizar esteladas, presentar quejas ante las Juntas Electorales, preparar recursos, llevar procedimientos, etc. Hemos realizado un esfuerzo que se ha visto compensado con un éxito que confirma la necesidad de dar la batalla de los símbolos, pero para continuar en ella es preciso que otros se sumen a este trabajo.
Afortunadamente cada vez son más las asociaciones y entidades que en Cataluña alzan la voz contra el nacionalismo, a ellas pedimos ayuda para continuar con esta lucha por recuperar los espacios públicos, para eliminar de ellos símbolos partidistas como la estelada.
Pero también han de implicarse en esta tarea los partidos políticos y el Gobierno de España. Ahora ya está claro que la presencia de esteladas en espacios de titularidad pública es ilegal. Veamos de qué forma se puede reconducir a la legalidad el paisaje catalán. No podemos ser pusilánimes en esta batalla porque, como decía antes, los símbolos importan, e importan mucho.
Hemos dado un paso, pero hay que seguir avanzando.


viernes, 27 de enero de 2017

Santiago Vidal y la fase de negación

En cierta forma es sorprendente el revuelo que se ha creado en torno a las declaraciones de Santiago Vidal en las que el entonces senador de ERC detallaba algunas de las medidas que se están adoptando para hacer realidad la secesión de Cataluña en el plazo de unos meses.


Son declaraciones de hace tiempo que se insertan en la explicación que se hace por toda Cataluña de la forma en que se está implementando la hoja de ruta secesionista, implementación que ha sido expresamente prohibida por el Tribunal Constitucional (Sentencia de 2 de diciembre de 2015 y Auto de 19 de julio de 2016). Pese a esta prohibición y sin que cause escándalo, por pueblos y ciudades proliferan los apóstoles de la secesión que explican con todo lujo de detalles cómo se desarrollará la destrucción del orden constitucional en Cataluña. Veamos, por ejemplo, cómo se despacha en este sentido Vicenç Partal, director de VilaWeb, uno de los medios separatistas que subvenciona la Generalitat.


Se trata de declaraciones habituales que quienes vivimos en Cataluña estamos acostumbrados a soportar. Y digo soportar porque quizás desde fuera de esta comunidad no se percibe la indignación que produce que constantemente nos encontremos con personas que arrogantemente afirman sin rubor que nos privarán de nuestra tierra, convirtiéndola en extranjera, quizás también de nuestra nacionalidad, de nuestra condición de ciudadanos europeos y puede que de nuestro trabajo (Santiago Vidal hacía referencia, parece ser, a los jueces que se quedarían y los que se tendrían que ir después de la independencia. Supongo que estarán también haciendo sus cuentas sobre policías, maestros o profesores de universidad).
Son declaraciones que hace tiempo que denunciamos y que, sin embargo, poco eco han tenido entre los gobernantes, los partidos políticos o los medios de comunicación. Quizás pudiera pensarse que se les da poca credibilidad. Con una cierta ingenuidad podríamos refugiarnos en que Vicenç Partal no es más que un periodista y que Santiago Vidal, pese a su condición de senador, no tiene responsabilidades directas de gobierno. Desde mi perspectiva, como digo, este tipo de razonamientos se me antojan infantiles; pero podría estar dispuesto a conceder un margen de duda en relación a la seriedad de estos propagandistas del separatismo; pero es que el anuncio del golpe de Estado contra el orden constitucional no se limita a estos personajes secundarios, sino que personas con responsabilidad de gobierno en Cataluña no han tenido problema en manifestarse en la misma línea.
Veamos, por ejemplo, esta intervención del Conseller de Justicia, Carles Mundó, en la Universitat Catalana d'Estiu este mes de agosto:


A partir de 01:05:23 el señor Mundó explica cómo se trabaja desde el Gobierno de la Generalitat en la hoja de ruta secesionista (y eso un mes después de que se hubiese dictado el Auto del Tribunal Constitucional de 19 de julio que, como hemos visto, prohibía expresamente dar apoyo a dicho proceso de secesión). En 01:06:57 se señala expresamente la conveniencia de no hacer públicas todas las medidas que se están adoptando para evitar que sean impugnadas; esto es, algo muy similar a lo que declaró el senador Vidal. En esta misma conferencia parece ser que el Señor Mundó indicó que el objetivo de su tarea era garantizar el control del territorio y de la población de Cataluña, tal como publicó La Vanguardia. Curiosamente, no se aprecia esa cita en el vídeo, pero parece que hay un corte en el mismo en el minuto 52:41, justo en el momento en el que comienza la intervención del Sr. Mundó ¿donde indicaba lo que recoge La Vanguardia, especulo?



Desde luego debería ser más preocupante la declaración del Conseller de Justicia que la de un periodista o, incluso que la de un senador; y, sin embargo, no hubo especial escándalo con estas declaraciones que, sin embargo, en su momento también fueron difundidas y denunciadas.



Pero no solamente el Conseller Mundó y otros cargos del Gobierno de la Generalitat han realizado declaraciones plenamente coherentes con las del Sr. Vidal, sino que el propio Presidente de la Generalitat no ha tenido inconveniente en repetir que su Gobierno trabaja en la consecución de la secesión, y eso, como digo, pese a la expresa prohibición del Tribunal Constitucional. Veamos, por ejemplo, su intervención en el Parlament de Cataluña durante el debate sobre la cuestión de confianza planteada por el propio presidente Puigdemont



Canal Parlament|Parlament de Catalunya



A partir del minuto 34:00 Puigdemont explica cómo su proyecto político, en el que está trabajando como Presidente de la Generalitat, es la construcción de un Estado independiente en forma de República. Detalla que está preparando legislación y medidas más concretas. Algunas de las cuales no serán detalladas más que cuando sea políticamente necesario. Estas palabras no solamente están en vídeo, sino también en el Diario de Sesiones del Parlament de Cataluña. A continuación reproduzco algunos fragmentos que pueden encontrarse en ese Diario de Sesiones:


Si se escuchó en su momento a Puigdemont y Mundó o se leyeron sus declaraciones creo que se entiende que sorprenda tan solo relativamente lo que dice ahora el Sr. Vidal. De hecho, tras las declaraciones de Puigdemont del 28 de septiembre de 2016 Societat Civil Catalana ya pidió que Puigdemont dejara de ser el presidente de la Generalitat, porque no es admisible que ejerza el poder público sobre los catalanes quien hace expreso que actuará en contra de la ley y la Constitución desobedeciendo lo establecido por los Tribunales. Pero fue una voz que clamó en el desierto, nadie reaccionó, aparentemente, ante la gravedad de lo que allí se decía.
De hecho, esta misma semana Puigdemont dijo cosas muy parecidas en Bruselas, en su discurso en el edificio del Parlamento Europeo. En concreto, dijo que

"De acuerdo con el resultado de las elecciones del año 2015, por tanto, existe en Cataluña una mayoría de ciudadanos que quiere construir un nuevo estado que de respuesta a las necesidades y a las ambiciones de futuro, y el Parlamento y el Gobierno tienen el encargo claro e inequívoco de trabajar para hacerlo posible. Durante todo este tiempo se ha estado haciendo y se está haciendo el trabajo necesario para poder llegar a ser un estado: esto incluye la preparación de las estructuras de estado y la legislación necesaria para poder actuar como un país independiente integrado en la Unión Europea y en la comunidad internacional desde el primer día"

Como puede apreciarse, no algo muy diferente de lo que manifestó Vidal y, sin embargo, han sido las declaraciones de Santiago Vidal las que han generado peticiones de comparecencia, actuaciones de Fiscalía y un general escándalo ¿por qué? ¿no es más grave y preocupante lo que expresa el Presidente de la Generalitat o el Conseller de Justicia que lo que dice un senador sin responsabilidades directas de gobierno?



Mi impresión es que hasta este mismo momento, hasta hoy, 27 de enero de 2017, la sociedad y la política españolas se encontraban encerradas en una colosal fase de negación que les impedía asumir la gravedad de la situación que estamos viviendo. Es comprensible, porque el desafío al que se enfrenta España es de una enorme gravedad.
Lo que está sucediendo es que un grupo de personas han aprovechado su acceso a instituciones clave del ordenamiento constitucional español (el Gobierno de la Generalitat, el Parlamento de Cataluña, la mayoría de los ayuntamientos catalanes y otras administraciones locales) para utilizar los resortes de poder que estas administraciones tienen para hacerse con el control efectivo del territorio y de la población de Cataluña (recordemos las palabras de Mundó en la Universitat Catalana d'Estiu) con el fin de llegar a ser la única administración de un nuevo Estado, la República Catalana, desplazando así al Estado español de esta región.
Se trata del plan para, mediante un golpe de Estado que pasa por la apropiación de las instituciones de la Comunidad Autónoma y de las administraciones locales, crear un sujeto de Derecho político amputando a España una parte de su territorio y más de siete millones de habitantes. Respecto a estos habitantes, el resultado de la operación es sustraerles de la soberanía española para o bien pasar a ser extranjeros en el territorio del nuevo Estado o bien perder su condición de españoles y ciudadanos europeos para convertirse en nacionales del nuevo Estado (dejando aparte aquellos supuestos que pudiera haber de doble nacionalidad y que no pasarían de ser excepcionales, como con carácter general son todos los caso de doble nacionalidad).
Todo esto no lo digo yo. Como puede comprobarse es lo que dicen los altos cargos de la Generalitat empezando por su Presidente y es de tal gravedad que es comprensible que la sociedad española haya reaccionado mediante ese humano mecanismo que es la negación.
Solamente a partir de la limitación que se deriva de la incapacidad de percibir las auténticas consecuencias de lo que está sucediendo se entiende la pasividad con la que se ha admitido hasta ahora la ocupación de las instituciones y administraciones por los nacionalistas que pretenden la ruptura del Estado. Anonadados calculábamos (calculaban, para ser más precisos) que todo respondía a un engaño, que no era cierto lo que decían, que se trataba tan solo de bravuconadas, pero sin que tales excesos verbales respondieran a la realidad. Una actitud, en definitiva, incomprensible y que carece de fundamento, porque incluso en el caso de que todo lo que decían los responsable políticos fuera una mera invención no es admisible que se mantenga a los ciudadanos en la permanente amenaza de que el ordenamiento que les protege será destruido para ser sustituido por otro al margen de los procedimientos previstos.

Tuvo que llegar el ex-juez Vidal para que la venda comenzara a caer. Y no porque dijera cosas
diferentes de las que se habían dicho hasta ahora; sino por detalles tales como que él mismo empleara la palabra "ilegalidad", como si la ausencia de este término en el discurso de Puigdemont excluyera que lo que decía fuera una evidente ilegalidad; o porque detallara en qué consistía el engaño que se perpetraba contra el Estado (ocultar en los presupuestos determinadas partidas destinadas al referéndum ilegal), como si esto añadiera algo al famoso "tenemos que engañar al Estado, de Artur Mas"
Han sido estos detalles los que han comenzado a romper el muro que la sociedad y la política españolas construían en torno al conflicto generado por los nacionalistas. No sé si se esta grieta que se abre será suficiente para que los responsables políticos, los opinadores y articulistas y la opinión pública asuman ya que nos enfrentamos a un desafío al orden constitucional que no admite medias tintas y que solamente podrá ser resuelto desde la convicción de que la defensa de nuestro sistema de libertades justifica que se arrincone el prejuicio de corrección de los nacionalistas que ha condicionado nuestra política desde hace cuarenta años.
Santiago Vidal, al hablar de apropiación ilegal de datos y al explicar con una sonrisa que "estábamos todos fichados" ha entreabierto la puerta que oculta el plan secesionista y por primera vez la mayoría de los ciudadanos han intuido que tras esa puerta lo que se oculta no es una broma, sino la amenaza más seria para nuestra democracia desde el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

miércoles, 25 de enero de 2017

Puigdemont en Bruselas

Resolución 1/XI del Parlamento de Cataluña, de 9 de noviembre de 2015 sobre el inicio del proceso político en Cataluña como consecuencia de los resultados electorales del 27 de septiembre de 2015

"Segundo: El Parlamento de Cataluña declara solemnemente el inicio del proceso creación de un Estado catalán en forma de república.
(...)
Cuarto: El Parlamento de Cataluña insta al futuro Gobierno a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivas estas declaraciones"

Sentencia 259/2015, de 2 de diciembre del Tribunal Constitucional 

"Fundamento Jurídico 4: Como consecuencia recae sobre los titulares de cargos públicos un cualificado deber de acatamiento a dicha norma fundamental [la Constitución], que no se cifra en una necesaria adhesión ideológica a su total contenido, pero sí en el compromiso de realizar sus funciones de acuerdo con ella y en el respeto al resto del ordenamiento jurídico.
(...)
FALLO: Ha decidido estimar la impugnación (...) contra la Resolución 1/XI del Parlamento de Cataluña (...) declarando en consecuencia su inconstitucionalidad y nulidad."

Auto del Tribunal Constitucional de 19 de julio de 2016

"la creación de la Comisión [de estudio del proceso constituyente] podría ser entendida como un intento de dar apariencia de validez al denominado proceso constituyente en Cataluña, cuya inconstitucionalidad fue declarada por la STC 259/2015, y esto es suficiente para que deba estimarse el incidente de ejecución planteado
(...)
En suma, la actividad de la comisión creada resulta absolutamente inviable si no se entiende condicionada al cumplimiento de las exigencias de la Constitución y, en general, a los marcos que rigen para la actividad política. Así lo declaró el Tribunal advirtiendo asimismo a los poderes implicados y a sus titulares, bajo su responsabilidad, de su deber de impedir o paralizar cualquier iniciativa que suponga ignorar o eludir estos mandatos."

Discurso de Carles Puigdemont en el Parlamento Europeo, 24 de enero de 2017

"De acuerdo con el resultado de las elecciones del año 2015, por tanto, existe en Cataluña una mayoría de ciudadanos que quiere construir un nuevo Estado que dé respuesta a sus necesidades y ambiciones de futuro y el Parlamento y el Gobierno tienen el encargo claro e inequívoco de trabajar para hacerlo posible. Durante todo este tiempo se ha estado haciendo y se está haciendo el trabajo necesario para poder llegar a ser un Estado, eso incluye la preparación de las estructuras de Estado y la legislación necesaria para poder actuar como un país independiente integrado en la Unión Europea y en la comunidad internacional."

Artículo 92.4 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional 

"En caso de advertirse que una resolución dictada en el ejercicio de su jurisdicción pudiera estar siendo incumplida, el Tribunal, de oficio o a instancia de alguna de las partes del proceso en que hubiera recaído, requerirá a las instituciones, autoridades, empleados públicos o particulares a quienes corresponda llevar a cabo su cumplimiento para que en el plazo que se les fije informen al respecto".

sábado, 21 de enero de 2017

Pluralidad, unidad y, sobre todo, vitalidad

Cuando en abril de 2014 Societat Civil Catalana hizo su presentación oficial, resultaba impensable el actual florecimiento en Cataluña de entidades que apuestan por la continuidad en la participación de los catalanes en los proyectos español y europeo. En 2014 se había extendido la sensación de que el proceso de secesión avanzaba como macha de aceite sin que se apreciaran reacciones en la sociedad catalana más allá de los grupos que desde siempre habían mostrado su oposición al nacionalismo.



En 2014 esto comenzó a cambiar. Es cierto que siempre habían existido en Cataluña asociaciones o grupos que se habían opuesto a la ocupación del espacio público por las opciones políticas e ideológicas vinculadas al soberanismo; pero ninguna de ellas tenía la pretensión de globalidad y la ambición que mostraba Societat Civil Catalana. El especial momento histórico que se vivía explica seguramente el interés suscitado por la iniciativa y su rápido crecimiento. Un año después de haber nacido ya contaba con las primeras agrupaciones locales y sectoriales, había producido documentos, participado en debates y convocado varios actos en la calle. Dos años después era una marca ampliamente conocida, con capacidad para entrevistarse con líderes políticos, hacer oír su voz en Cataluña, en el resto de España, en Europa e, incluso, en Estados Unidos y su participación pública era cada vez mayor.







A la vez que Societat Civil Catalana crecía otros grupos aparecían cubriendo desde distintos flancos la construcción en Cataluña de un espacio no nacionalista. “Empresaris de Catalunya” ofrecía la posibilidad de que el mundo económico expresara su convencimiento de que el futuro de Cataluña pasa por su permanencia en España. “Pi i Margall” se convertía en una plataforma para el mundo de la comunicación atenta a los desvaríos de los medios de propaganda del régimen nacionalista. CLAC ofrecía un espacio para propuestas culturales con el objetivo de recuperar para Barcelona y Cataluña ese lugar en la cultura universal que el aldeanismo nacionalista nos podía hacer perder…



El 19 de enero de 2017 se presentaba “Concordia Cívica”, otro grupo que pretende amplificar la voz de quienes se oponen al proceso secesionista. Es encomiable el vigor que muestra la sociedad catalana con la continua aparición de entidades o asociaciones que tienen como objetivo hacer visibles y reforzar los vínculos entre los catalanes y el resto de los españoles. Han pasado tan solo tres años desde 2014, pero el cambio del paisaje es significativo. La sociedad catalana muestra así una enorme vitalidad y son cada vez más quienes se quieren sumar a aquellos que han (hemos) dicho con claridad que la secesión es mala para Cataluña y para los catalanes, y que el proyecto español y europeo merecen mucho la pena. Es cierto que aún hemos de esperar para juzgar el papel que jugará “Concordia Cívica”, pero desde luego ha de valorarse como positivo el nacimiento de otra entidad que colaborará en la tarea de mostrar las ventajas que para los catalanes tiene continuar siendo españoles.
Sobre el papel que la nueva asociación desempeñará poco sabemos todavía. En su presentación ha declarado que su voluntad es convertirse en una especie de “ANC” del independentismo, coordinando, amplificando o dirigiendo de alguna forma a otras asociaciones y entidades que trabajan para que la voz de los catalanes no nacionalistas sea oída en Cataluña, en España y en otros lugares. Hemos de ver cómo se concreta este propósito, pero ha de apuntarse que seguramente a sus promotores no se les escapan las dificultades de esta empresa, tal como intentaré explicar a continuación.
Entre quienes no comparten los planteamientos secesionistas hay una variedad enorme de posicionamientos ideológicos. Encontramos persona que se ubican a la derecha, grupos no democráticos de extrema derecha, personas que se identifican como liberales, socialdemócratas o a la izquierda de la socialdemocracia. En lo que se refiere a sus preferencias sobre la organización territorial del Estado hay desde quienes preferirían la desaparición de las Comunidades Autónomas y la vuelta a un Estado centralista a quienes optan por modelos federales o, incluso, confederales.
Realizar propuestas que permitan reunir a todos estos grupos es imposible. Societat Civil Catalana, por ejemplo, siempre ha manifestado su repulsa hacia los grupos que no comparten los valores democráticos y, por tanto, expresamente rechaza cualquier colaboración con ellos. Más allá de este rechazo, todos aquellos que comparten los valores democráticos pueden participar en Societat Civil Catalana, pero la variedad de planteamientos de sus integrantes hace que las propuestas que se hagan desde la entidad sean realmente de mínimos, pues ha de intentarse siempre que todos los que son contrarios a la secesión y comparten los valores democráticos se sientan representados. Esta es la función de Societat Civil Catalana.



Esto explica que existan otras entidades que también comparten el rechazo a la secesión y que ponen el acento en planteamientos que, por ejemplo, Societat Civil Catalana no podría asumir por su transversalidad. Lo anterior no implica que no sea conveniente la colaboración con estas entidades; pero cada colaboración es fruto siempre de un trabajo de identificación de los puntos comunes en los que coincidimos y a partir de un ejercicio relevante de generosidad por parte de todos los que colaboran.
Es por lo anterior que Societat Civil Catalana desde sus inicios se planteó como una asociación de personas, y no como una agrupación de asociaciones o entidades. Éramos conscientes de que la pluralidad de quienes se oponen a la secesión no podía ser reconducida a una unidad que provocaría tensiones y acabaría provocando conflictos.
Más allá de eso, hemos de plantearnos si es adecuada una estrategia “frentista”, que replique a la de los nacionalistas. Societat Civil Catalana siempre se ha mostrado también escéptica ante propuestas como la de la articulación de una lista conjunta de los partidos constitucionalistas o de la creación de estructuras que articulen la pluralidad de la sociedad civil al modo en que hacen los nacionalistas.
Lo normal en una sociedad democrática es pluralidad de voces y de acentos. Discrepancias en unos puntos y acuerdos en otras. Existiendo argumentos a favor de la tesis contraria, hasta ahora Societat Civil Catalana ha preferido alejarse de ese frentismo para realizar propuestas que no limiten de ninguna manera los matices que existen dentro de quienes se oponen al secesionismo. El hecho de que muchas personas que colaboran con Societat Civil Catalana participen también en partidos políticos u otras asociaciones es muestra de que no es incompatible una “militancia múltiple”, que seguramente es más fiel a la realidad de nuestra sociedad.
Seguramente “Concordia Cívica” es consciente de todo lo anterior. Esperamos sus propuestas mientras seguimos realizando la actividad que en estos tres últimos años nos ha llevado a presentar a través de actos y documentos las ventajas para los catalanes de continuar siendo parte de España y de la Unión Europea, a denunciar las mentiras y abusos del nacionalismo, a explicar a la opinión pública tanto española como internacional otra visión de la realidad catalana, a comparecer en las instituciones catalanas, españolas y europeas como catalanes no nacionalistas que desean seguir participando en la comunidad política con la que nos identificamos y rechazan que por la vía de hecho se les arranque de ella. En definitiva, continuaremos haciendo la labor que llevamos haciendo y confiamos en que Concordia Cívica se convierta en un actor útil para la convivencia entre catalanes y entre el conjunto de los españoles.
En cualquier caso, hemos de felicitarnos por la indudable vitalidad de la sociedad catalana en estos momentos difíciles y debatir con tranquilidad sobre los equilibrios que han de buscarse entre diversidad y unidad en las propuestas de quienes defienden que los catalanes sigamos siendo españoles y europeos.

miércoles, 18 de enero de 2017

Derecho a coaccionar

Hace tres años un grupo de energúmenos irrumpió en la Librería Banquerna, dentro de la Delegación de la Generalitat en Madrid e impidió violentamente que continuara un acto que se estaba desarrollando con motivo de la Diada. La imágenes dan perfecta cuenta de lo ocurrido.


Hace poco hemos conocido la Sentencia del Tribunal Supremo que condena a varios de los violentos con penas de hasta cuatro años de cárcel.
Creo que al igual que hace tres años nos indignaba que se hubiera impedido de esta forma la realización del acto que se desarrollaba en la Librería Blanquerna ahora debe satisfacernos que la Justicia haya condenado de forma contundente a los autores de aquel atropello. La violencia siempre es reprobable; pero más aún cuando va dirigida a limitar la libertad de expresión o cuando pretende incitar al odio contra algún grupo. Nuestro Código Penal recoge estos matices y sanciona de forma agravada aquellas coacciones que van dirigidas a limitar el ejercicio de los derechos fundamentales -como puede ser la libertad de expresión u opinión- o cuando van unidas a la incitación al odio.
Es coherente que sea así. En democracia resulta esencial que todos puedan expresar sus opiniones, manifestarse y participar en el debate público. Sin este intercambio de ideas la democracia pierde su sentido y fácilmente puede convertirse en un régimen autoritario. No hemos de olvidar que el autoritarismo no siempre se ha impuesto al margen de la voluntad popular, tal como nos muestra, por ejemplo, la forma en que los nazis llegaron al poder en Alemania.
Sería conveniente que todos fuéramos especialmente cuidadosos con los atentados a la libertad de expresión y con los discursos que pretenden excluir a ideas o grupos del debate público. La democracia es, en esencia, un procedimiento, un mecanismo para que el debate público pueda conducir a las mejores decisiones; y si ese procedimiento se adultera la democracia desaparece por muchas elecciones y votaciones que haya.
Es por esto que no puedo dejar de mostrar una cierta preocupación por la diferencia de tratamiento que se observa entre las actitudes violentas y excluyentes en función de las ideas que son atacadas o coartadas. Hace tres años, cuando sufrimos -empleo la primera persona del plural porque cuando se ataca la libertad de expresión todos debemos sentirnos atacados- el ataque en la librería Blanquerna se produjo una inmediata ola de solidaridad y condena que ha de ser valorada muy positivamente, pero que no se aprecia con la misma intensidad por parte de todos los actores cuando los atacados son otros.
En Cataluña lo sabemos bien. Hace unos meses unas voluntarias de "Barcelona con la Selección" fueron agredidas mientras repartían información en una calle de Barcelona


Y algunos que habían sido extraordinariamente contundentes en la condena del ataque en la librería Blanquerna parecía que no lo eran tanto en lo que se refería al ataque a las voluntarias de "Barcelona con la Selección". Las condenas, en algunos casos, no fueron ni tan inmediatas ni tan enfáticas como lo habían sido tres años antes.
En la UAB tenemos también experiencia con esta situación. El colectivo de jóvenes de SCC en la UAB ha colocado carpas informativas en el campus y organizado actos, y en todos los casos estas carpas o actos han sido objeto de agresiones o boicots. En abril de 2016, apenas montada una carpa informativa en el marco de la feria de entidades que organiza la propia UAB, un grupo de intolerantes se acercó con una navaja a la carpa, arrancó la bandera española que allí lucía y la destrozaron mientras rodeaban el puesto e insultaban a quienes allí estaban
Pocos días después se montó otra carpa informativa y un grupo de autodenominados "antifascistas" se dedicó a boicotear el acto, lo que obligó al despliegue de miembros de seguridad y alteró completamente la finalidad pretendida por la carpa. En el vídeo que sigue puede verse cómo con megáfonos se insultaba a quienes allí estábamos


Ninguno de estos ataques y boicots fue condenado por la UAB ni por otros que, sin embargo, no tienen reparo en escandalizarse cuando la violencia se dirige contra quienes no discrepan de las tesis nacionalistas. Esta diferencia en la valoración de las coacciones y las limitaciones a la libertad de expresión me preocupa por lo que tiene de síntoma de un deterioro profundo en la sensibilidad democrática.
Hace poco volvimos a tener ocasión de comprobarlo. De nuevo en la UAB una carpa de SCC era acosada por los intolerantes, que impidieron el desarrollo de la tarea informativa que nos habíamos propuesto.



En el vídeo se recogen algunos momentos de la tensión vivida


Al día siguiente la situación fue todavía peor: un cinefórum que pensábamos realizar tuvo que acabar desarrollándose en un aula protegidos por personal de seguridad. En estos vídeos puede verse la situación que se vivió.





Al acabar el acto, todavía un grupo de fascistas autodenominados antifascistas persiguieron a un grupo de integrantes de "Barcelona con la Selección" que habían acudido al cinefórum. El ataque está siendo investigado por la policía.
¿Hay diferencias sustanciales entre lo acaecido en la librería Blanquerna y lo que ha vivido "Barcelona con la Selección" y SCC? Cualquiera que vea las imágenes verá que no. Es por eso que resulta preocupante ya no el ataque, la coacción y el intento de arrinconamiento de quien no piensa de acuerdo con los estándares nacionalistas, sino, sobre todo, que estas actitudes, absolutamente reprobables en democracia, no sean contundentemente condenadas por instituciones y fuerzas políticas. Existe una tolerancia institucional ante los violentos que se alinean con el nacionalismo que no es en absoluto tranquilizadora. El próximo lunes tendremos ocasión de nuevo para comprobarlo. En el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès se presentará una moción de solidaridad con el ataque sufrido por SCC en la UAB, al lado mismo de Sant Cugat ¿apostamos algo a que esa moción no prospera y que se intentará echar un capote a los violentos?
En Cataluña son demasiados los que están dispuestos a admitir cierto nivel de coacción o violencia si va dirigido contra quienes se oponen al nacionalismo. No se trata de dramatizar; pero en esta semilla de tolerancia anida el árbol de la dictadura, y cuanto antes nos demos cuenta, mejor.

martes, 17 de enero de 2017

Cuando escribir mal es una provocación

Puigdemont dirige una carta a Rajoy con varios errores gramaticales y ortográficos. La noticia está circulando la mañana en que escribo esto y algunos aprovechan para señalar la falsedad de la reiterada afirmación según la cual el sistema denominado de "inmersión" en catalán que se sigue en la escuela catalana permite que el conocimiento del castellano en Cataluña sea tan bueno como en cualquier parte de España.



Quienes así opinan se burlan de las faltas cometidas como si fueran resultado de la incompetencia lingüística de sus redactores.
No comparto esta perspectiva.
Y no la comparto porque disienta de que la enseñanza monolingüe en catalán no es un instrumento adecuado para que se aprenda correctamente el castellano. En varias ocasiones he reiterado la falsedad de esta afirmación (la de que la inmersión permite un correcto conocimiento del castellano) y los problemas que plantea el modelo lingüístico que se aplica en la educación catalana (la última, aquí).
No, el problema es que en este caso los errores no responden -es mi impresión- a la falta de capacidad, sino al deseo de provocar y despreciar.
Me extrañaría que en una organización como la Generalitat no haya personas con conocimientos suficientes de español como para no redactar correctamente la carta que nos ocupa (y que, aparte de los errores, muestra un estilo poco elegante, así por ejemplo lo de "su Gobierno se ha negado a afrontar de manera verdadera, más de anuncios"). El problema es otro.
Los errores y las torpezas en la redacción se explican a partir del relato según el cual el español es una lengua extraña a Cataluña que podemos conocer, pero que no es nuestra, que no apreciamos y de la que nos gustaría desprendernos (puede comprobarse esta última afirmación aquí).
El problema no es la falta de competencia, sino que la carta y sus faltas muestran un desprecio que no solo va dirigido a Rajoy, sino también a todos los catalanes que tenemos el castellano como lengua materna y que no comulgamos con la mitología nacionalista que pretende que nuestra lengua es un injerto indeseable en la Cataluña (falsamente) milenaria que pretenden los nacionalistas.
Quien redactó la carta originalmente lo hizo -me parece evidente- de forma descuidada. Y después se eludió la precaución de que alguien con cierto conocimiento la revisara. Sorprende esta falta de atención cuando cualquier texto en catalán que produzcan las administraciones catalanas y tenga carácter oficial es cuidadosamente revisado lingüísticamente.
El mensaje que se traslada con este desinterés por la corrección del texto es el de que no se da especial valor a lo que se dirige al Presidente del Gobierno de todos los españoles y que tampoco es motivo de vergüenza que en lo que se escribe en castellano se cometan errores gramaticales u ortográficos. A algunos he conocido que a propósito empeoran su español para aparentar despego por una lengua que tanto les molesta. Como digo, aunque sorprenda a quienes no conozcan de primera mano lo que se vive en Cataluña, la voluntad de empobrecernos limitando el conocimiento del castellano llega a estos extremos.
Es por esto por lo que me indigna esta carta. No caigamos en el error de burlarnos; porque lo que denota no es motivo de burla, sino de irritación.

lunes, 16 de enero de 2017

Libre



Si la muerte llega ahora,
si libre entregas tu sangre y tu luz,
si dejas que la ola el pecho quiebre,
si te abandonas,
si las palmas de las manos ofreces,
si no temes la soga ni el puñal...
nadie por ti vendrá.
Los ojos vivos, la carne que tiembla
mientras aguarda la sombra que llega
y tu rostro comienza ya a tocar.
Ver más allá del final
la brisa entre las hojas,
las conversaciones plácidas,
jóvenes que caminan descuidados,
piel que brilla en el claro atardecer.
Gozar más allá de la oscuridad
sonrisas y amores, suaves caricias
que ya no sentirás.
Si cambias el temor de este instante
por vidas sin violencia ni injusticia
que otros -desconocidos- tendrán;
si hoy la muerte aceptas
sin reproches ni esperanzas, confiando

que algún día la hierba crecerá,
cubrirá las piedras ensangrentadas,
verdearán las rocas arrojadas
y nadie entonces ya recordará
este dolor fatal.
Confiando, sí
que esta noche a punto de llegar
sueño será, oscuro y frío, mortal;
pero sueño al fin, un sueño del que alguien,
-otro- despertará.
Confiando, sí
en la mañana en que el niño o la joven,
la mujer o el anciano,
serenos y tranquilos, aburridos quizás,
ignoren que la libertad que tienen,
la seguridad, la prosperidad
aquí fueron ganadas,
la tarde en que supiste
que esa mañana que no verás
más importa que la vida que pierdes,
que el recuerdo y la memoria
que contigo desaparecerán.
Si estas cosas haces,
un beso -el mío- en la frente, al morir,
recibirás.





A quienes debemos lo que ahora somos, lo que damos por sentado; a quienes con su sacrificio, a veces olvidado, hicieron posible un mundo mejor

sábado, 14 de enero de 2017

Dante y Ulises

No es posible leer los "Nueve ensayos dantescos" de Jorge Luis Borges sin acudir inmediatamente a la Divina Comedia de Dante Alighieri a leer o releer uno u otro episodio. Borges aporta una visión original sobre la Comedia y la convierte en puerta a un mundo lleno de misterios que transcienden a la propia obra. Los ensayos tienen la virtud de mostrarnos que la Divina Comedia es una obra que crea un Mundo, que, en cierta forma, crea vida.
Cuando se lee la Divina Comedia el lector tiene la sensación, pese al tema, de que se trata de algo en cierta forma real, y no es difícil confundir al autor con el protagonista de la obra. De esta confusión brotan las múltiples lecturas que permite ese relato inclasificable.
Recordemos, la "Comedia" (como la llamó Dante) comienza cuando su autor y protagonista se encuentra con Virgilio, quien ha sido enviado por Beatriz -una dama a quien Dante había amado sin ser correspondido y que tras su muerte el poeta coloca en el cielo- con el fin de que le guíe por los tres reinos de ultratumba a fin de que reconduzca su vida en un momento de confusión que se simboliza por la "selva oscura" donde se ubica el inicio del relato.
Virgilio y Dante entran en el Infierno y allí visitan sus distintos círculos, que se adentran hasta el centro de la Tierra. Penetran por una cueva que les hace ascender a las antípodas, donde se encuentra la montaña del Purgatorio, en sus diferentes gradas se preparan los salvados para ascender al Cielo. En lo alto del Purgatorio se encuentra el Paraíso Terrenal. Allí Virgilio desaparece ante la llegada de Beatriz, venida desde el Cielo y que guía a Dante en el Paraíso Terrenal y le hace ascender hasta las distintas esferas celestiales.
Durante su viaje Dante se encuentra con multitud de personajes tanto históricos como mitológicos e, incluso, conocidos de Dante o de la época de Dante. Uno de estos personajes es Ulises, a quien Dante encuentra en el Infierno, castigado por falsario. En su conversación con él, el griego relata al autor que en sus viajes pretendió visitar el Purgatorio, lugar prohibido para los vivos. Cuando ya estaban avistando la montaña una tormenta hundió la nave, seguramente castigados por haber pretendido ir más allá de lo que estaba permitido a los mortales.



Este episodio es aprovechado por Borges para uno de sus ensayos dantescos, donde el argentino repara en que la contraposición entre el viaje de Ulises y el del propio Dante podría mostrar un conflicto mental del autor. Se trata de una perspectiva interesante que va más allá de lo que habían expresado otros comentaristas de la Comedia. Me explico: en comentarios anteriores se había puesto de manifiesto que el intento mundano de Ulises de visitar el Purgatorio se contraponía al viaje teológico de Dante, guiado por la razón (Virgilio) e impulsado por la fe (Beatriz). Ahora bien, tal como señala Borges, no ha de confundirse el autor Dante con el personaje Dante. El personaje, efectivamente, está guiado por la razón y la fe, pero no así el autor, Dante, que es el único que crea todo el aparato en que consiste la obra. De la efectiva separación entre el personaje y el autor surge el conflicto que tan bien plantea Borges y que mostraría las dudas de Dante sobre si con su obra no estaría profanando un terreno para el vedado: el de aquello que está más allá de la muerte.
Aquí se queda el autor argentino. Cuando leí este ensayo me deslumbró la forma en que una observación certera -el autor no es el personaje- ilumina todo el escenario; pero, a la vez, tuve la certeza de que era necesario ir más allá de lo que planteaba Borges.



Creo que, efectivamente, en la separación entre el personaje Dante y el autor Alighieri está la clave para entender el episodio. Dante, a través de Ulises describe el viaje que le costó la vida al griego. Su intento de visitar los reinos del más allá se pagó con la vida. Alighieri, el autor, es consciente de que él está incurriendo en el mismo atrevimiento que Ulises, y que las justificaciones que pudiera tener (Virgilio, Beatriz) no son en absoluto reales. Así pues, pese a lo que nos cuenta, y teniendo en cuenta que Dante Alighieri sería, como todos sus contemporáneos, una persona religiosa; no creo que tuviera duda de que estaba tratando de manera mundana un misterio divino. En definitiva, que conscientemente estaba incurriendo en un pecado equivalente al que le costó la vida a Ulises.
Quizás esto parezca especulativo -y lo es, por supuesto- pero creo que hay otro elemento que Borges no tiene presente en su ensayo y que apoyaría que en este caso no nos encontramos ante un conflicto mental de Dante, sino ante la cruda confesión del pecado que, según él, cometía escribiendo la Comedia. Ulises está castigado no en el círculo de quienes pretenden desvelar misterios divinos o descubrir secretos, sino en el de los falsarios. Esto es, su castigo en el Infierno no es consecuencia de su imprudencia al querer visitar en vida el Purgatorio, sino de su engaño con el caballo de Troya.
Bien, es claro lo del caballo de Troya y, además, encaja perfectamente en una de las obsesiones de Dante, el restablecimiento del Imperio que sería heredero del Romano, en su día heredero del reino creado en Italia por Eneas, quien tuvo que huir de Troya tras la conquista de esta por los griegos gracias, precisamente al ardid de Ulises.



Todo muy bien, pero entonces ¿a qué el relato sobre el viaje de Ulises al Purgatorio que introduce otro pecado que no parece tener reflejo en el más allá? ¿Una simple digresión? Creo que no. Ya en la primera lectura sin prevención del encuentro entre Dante y Ulises hay algo que rechina, y en una obra tan perfecta como la Comedia eso es prácticamente impensable. Si asumimos plenamente lo que comentaba en el párrafo anterior -Alighieri es consciente de que la redacción de su obra es un pecado- se conectan de forma natural el viaje y el círculo en el que es castigado Ulises.
El autor se ve así mismo como Ulises, viajando a donde tiene prohibido, y, en realidad, sin más ayuda que su imaginación, pues ni Virgilio le auxilia ni Beatriz aparecerá beatífica a brindarle su mano al comenzar a redactar los cantos del Paraíso. En estas circunstancias él se sabe condenado, y se sabe condenado por haber creado una falsedad de forma tan perfecta que muchos la tomarán por verdadera.
Su verdadero pecado es, como el de todos los autores, el de haber pretendido crear un mundo que aparentara ser real, que fuera tomado por real por quienes lo leyeran o escucharan. De esta forma, el relato y el castigo de Ulises se complementan perfectamente, se presentan como un reflejo del propio drama de Dante, entregado a una obra a la que no solamente dedicará su vida, sino también su alma. De esta forma la confesión del Canto XXVI del Infierno es la más estremecedora declaración de amor a la literatura hecha por ningún autor jamás.
Maravilloso Dante. El artista por antonomasia.